El Manifiesto postumista: Un impulso a las letras dominicanas en la primera mitad del siglo XX (1 de 2)
Por Simeón Arredondo
Poeta, ensayista y gestor cultural
Mail: simeonarredondo@gmail.com
Sábado 06 de Junio de 2015

Aún era joven la tercera década del siglo XX, y ya el invierno hacía sus maletas para dar paso a la primavera del año 1921, cuando un grupo de poetas sorprendió a los vecinos de la ciudad de Santo Domingo, y a la clase intelectual de República Dominicana con una extraña publicación en una reconocida revista impresa del país.

“Postumismo”, fue el título que cobijó a un manojo de poemas que en edición exclusiva publicaba la revista “Cuna de América”, y que destapaba lo que en lo adelante se convertiría en todo un manantial de inspiraciones poéticas amorfas, por un lado, y de críticas y detracciones, por otro, pero que cambiaría para siempre la forma de poetizar en esta media isla.

Nacía El Postumismo, un singular movimiento literario que iba a dividir la historia de la poesía dominicana en poesía tradicional y poesía moderna, dejando atrás todo encasillamiento en la forma de expresar las inspiraciones poéticas. Rompía con la cotidiana medida de los versos, con la famosa acentuación y con la acostumbrada rima. Esto último iniciado unos años atrás por el Vedrinismo, que encabezó Vigil Díaz en un intento de emancipar la versificación, pero que no tuvo tanta difusión y mucho menos aceptación.

Era tan amplia la visión de los postumistas, que bajo el liderazgo y las orientaciones del vate Domingo Moreno Jimenes, se dieron cuenta que su propuesta para revolucionar la poesía no iba a ser digerida o correctamente interpretada por los escritores e intelectuales de la época; y es por ello que bautizan con el nombre de Postumismo al naciente movimiento literario, significando de manera muy acertada que sería posterior a la existencia física de ellos que se comprendería y que más se difundiría el meollo real del giro que daban a la poesía.

Y no era menos cierto. Porque al rechazar de alguna manera lo clásico, y centrarse esencialmente en los temas nacionales habría de convertirse en el primer movimiento auténticamente nacional, que marcaba un nuevo rumbo de la poesía, rompiendo con toda forma tradicional, muy medida y muy formal. Esta situación despertó de inmediato un sinnúmero de celos, inquietudes, temores, objeciones y oposiciones entre los críticos del momento que preferían seguir a la sombra de un romanticismo agonizante, o al amparo de otras tendencias más tradicionalistas.

Es así como los detractores del Postumismo de inmediato blanden sus armas contra esta innovadora iniciativa y sus representantes. Federico Jovine Bermúdez lo expone con notoria propiedad cuando afirma que “fue contra viento y marea que Domingo Moreno Jimenes pudo hacer del Postumismo una escuela literaria con un discipulado fiel que fue de inmediato tildado de simples acólitos y rechazado por los capitaleños que nunca se sintieron en el deber de extenderle el ramo de olivo de la amistad a aquel que estaba por encima de todos ellos recibiendo las burlas y los dicterios de poetas agrupados en peñas creadas únicamente con fines de restarle méritos, y para diluir sus grandes aportes a las letras dominicanas entre las argucias y las trapisondas interpuestas a su paso, tal y como los hombres befan y humillan a los elegidos que trascienden sus épocas y sus momentos”. Y a seguidas sentencia: “Los que fingieron no entenderlo ardían bajo el fuego de la envidia que consumía la sinrazón de sus vidas mezquinas; los que le amaron abrevaron en su creación porque sus poemas fueron el agua fresca que posibilitó un vuelco en nuestra literatura hacia lo genuinamente nuestro. Ya Otilio Vigil Díaz había incursionado los mismos senderos, pero (…) no pudo, como lo hizo Moreno Jimenes diseminar su voz en dirección a las coordenadas que conformaban el panorama de nuestras letras. Pero el éxito de un poeta se mide por la permanencia de su obra y Domingo Moreno Jimenes vive perennemente vivo junto a ella en el presente de la poesía dominicana”. (Jovine Bermúdez, Federico. A lomo de Rocinante. Editora Búho; Santo Domingo, 2009. Pag. 89).

Le sobra razón a este escritor cuando afirma que el autor de “El poema de la hija reintegrada” vive junto a su obra en el presente de la poesía dominicana, porque cada movimiento o corriente literaria ha tenido como punto de partida una tendencia anterior o alguna idea importante capaz de revolucionar el quehacer literario; y es el Postumismo la escuela que más incidió en las letras dominicanas durante la primera mitad del siglo XX, y a decir de algunos tratadistas “ha sido reconocido como el salto más importante que ha dado la poesía dominicana a la modernidad”.

Según Tony Raful, El Postumismo “es un movimiento importante porque rescata y plantea lo nacional, (…). Había que hacer una poesía de carácter nacional, había que abandonar lo que hasta entonces era la herencia de la literatura en nuestro país, que era copiar, calcar o recibir influencias, digamos paralizantes en la creación de los polos literarios más importantes de Europa, fundamentalmente de Francia y de otros países, o sea que había que hacer una literatura con materiales dominicanos, con palabras dominicanas, al uso del español en las condiciones en que puede identificarse lo nacional, lo nuestro. Este tipo de poesía tuvo una gran proyección en ese momento”. (Pérez, Odalís G. Las ideas literarias en la República Dominicana. Editora Amigo del hogar; Santo Domingo, 1993. Pags. 56-57).

Para Andrés L. Mateo, con El Postumismo “ya vemos plenamente desarrollada La posibilidad del verso libre, vemos un poema en el que el lenguaje no tiene ninguna necesidad de usar lo que los viejos escritores llamaban vocablos poéticos, sino que cualquier palabra ya puede formar parte de una poesía, incluso Moreno Jimenes utiliza palabras extremadamente vulgares para lo que sería digamos el oído de la poesía del siglo XIX”. (Ibíd. Pág. 47).

Las acotaciones de Tony Raful y de Andrés L. Mateo se evidencian mucho mejor cuando leemos El Manifiesto postumista, dado a la luz en 1921 en el proemio del primer libro de poesía de la autoría de Andrés Avelino, uno de los fundadores y más activos militantes del movimiento. Este manifiesto de veinte (20) articulados, formalizaba y afirmaba la naturaleza y esencia del Postumismo, pero además, anunciaba el carácter de seriedad y de rigurosidad de esa trascendental corriente literaria.

En la segunda parte analizaremos El Manifiesto Postumista enunciado por enunciado y plasmaremos las conclusiones finales de este análisis.
 

       

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