Empobrecimiento social y peculado
Por: Ismael Reyes | Sábado 28 de Marzo de 2015

No sabemos a ciencia cierta cuánto les cuesta a los dominicanos el ejercicio de la corrupción estatal. Pero la más conservadora y tímida estimación del costo económico de la práctica de la corrupción la calcula en miles millones de pesos que se desvían de sus destinos originales hacia bolsillos individuales.

Si calculamos las pérdidas por las prácticas corruptas que hemos sufrido a lo largo de decenios y las amontonamos verticalmente, la suma se elevaría a un monto tal que saldría de la estratosfera y llegaría a la Luna. Con el dinero que hemos perdido de manos de los corruptos, podríamos haber saldado la deuda externa que se ha eternizado y continua agravándose hasta el punto de amenazar y comprometer el porvenir hasta de las futuras generaciones.

Puede haber muchas disparidades de criterio en torno al monto aproximativo sobre lo que nos han robado por este concepto, pero hay un punto en que hay consenso absoluto, donde todos estamos de acuerdo: La corrupción es un mal que enriquece a unos pocos y empobrece a la mayoría.

Como si no fuera poco la voracidad fiscal del gobierno que sustrae de la actividad productiva fondos que supuestamente debieran devolverse en obras, escuelas, servicios de salud, inversiones y mantenimiento de infraestructura y no financiar los gastos supernumerarios de una monstruosa nómina estatal y una burocracia cuyo sueldo constituye una burla de quienes ganan el salario mínimo, las “mordidas” del presupuesto nacional representan un impuesto adicional que pagamos todas las familias dominicanas.

Es decir, que a los que nos quitan legalmente a través de las diversas disposiciones impositivas, debemos añadirle lo que nos quitan ilegalmente por medio de la corruptela gubernamental y privada. De ahí la necesidad de implementar acciones y reformas que transparenten el ejercicio de la función pública y que sirvan para frenar las prácticas ilícitas que dañan a la colectividad, para así evitar el drenaje de recursos que empobrece permanentemente al país.

Quienes ven los recursos públicos como un botín apropiable para sí, no solo hurtan el dinero de todos. Junto con él también se roban el bienestar común, se roban la salud y la vida colectiva, lo cual contribuye a la reproducción del atraso, al agravamiento de nuestros problemas seculares, al aumento de las masas carenciadas, a instalaciones hospitalarias y escolares deficientes, a las enfermedades relacionadas con la ingesta inadecuada de alimentos, a la desesperanza, y la poca oferta de empleo, entre otros males.

Este mismo gobierno de Danilo Medina denunció desde su inicio que había heredado un déficit fiscal, es decir, un faltante de más de RD$153,803.2 millones en el 2012, suma que representó un 6.6% del Producto Interno Bruto PIB), debido, principalmente, a un excesivo incremento del gasto público por encima de lo presupuestado. Para nadie es un secreto que este desvío de recursos se usó para financiar la campaña del partido en el poder y virar decisivamente la correlación de fuerzas electorales en el 2012.

La fuga de recursos nacionales que ha ido a parar a bolsillos ajenos, sin duda que daría para resolver el problema de los apagones, de la insalubridad, de dotación de viviendas a miles de pobres, de equipamiento de escuelas y hospitales, de financiamiento de fuentes creadoras de empleos, entre otras necesidades.

Vistas las negativas consecuencias que sufrimos producto del ejercicio del peculado en todas sus variantes, urge que los dominicanos aprovechemos el torneo electoral venidero para abogar por una opción política comprometida con la erradicación de la corrupción en todos los niveles de las instituciones y ámbitos sociales; debemos apostar por un sistema de gobierno que enarbole la honestidad, votar por un programa que apueste por el servicio y no por los responsables y corresponsables de esta desgracia que garantiza la impunidad de los corruptos.

Quienes debieran haber recibido “todo el peso de la ley” por haberse robado nuestro presente y nuestro futuro, hoy muestran todo el peso de los pesos mal habidos con los cuales compraron su impunidad.

República Dominicana requiere y necesita de servidores públicos honestos que vayan a servir y no a servirse a sus anchas con la cuchara más grande, profesionales que puedan confiar en la función pública como un medio de vida decente, donde se progrese en base al talento, las capacidades y habilidades laborales, en resumen ciudadanos honestos que tengan deseos de servirle a su patria y que no tengan que empeñar la moral, la ética y los escrúpulos para ascender en la escala social.

Eso fue lo que quiso y soñó para nuestro pueblo José Francisco Peña Gómez y nosotros como sus discípulos debemos tomar como guía su doctrina política, sus principios y limpia hoja de vida para diferenciarnos de quienes aspiran a puestos electivos y administrativos para entrarle a mordidas al presupuesto nacional, mientras el pueblo padece todo tipo de penurias sociales y económicas.

Conteste con esta legítima aspiración nacional de darnos un país mejor gobernado y administrativamente limpio y transparente, en que se inspiró el peñagomismo del que somos practicante, estamos impulsando una candidatura que es la negación del desaseado panorama de hoy. Una candidatura que encarna lo mejor que le puede pasar a este pueblo: que el ingeniero Miguel Vargas llegue al palacio nacional bajo la sombrilla de las fuerzas oposicionistas unificadas alrededor del Partido Revolucionario Dominicano y de los postulados de justicia social, equidad y progreso.

En ese nuevo PRD nos hemos comprometido a actuar con honestidad y rectitud, a darle más participación al pueblo en los asuntos que atañen a su destino y bienestar, a valorar a la militancia y a sus buenos dirigentes, a respetar los liderazgos genuinos, y a promover y defender la democracia.
 

       

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